domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuando se apaguen las luces.

Cuando se apaguen las luces, cuando todo esté a oscuras.
Cuando seamos presas del silencio, y la noche nos encierre.
Cuando deje de sonar esa gramola, cuando el tiempo pare curioso.
Cuando muera esta desidia, cuando la luz se aleje.

Es entonces cuando recuerdo tu mirada entre las sombras;
una nota y un reproche, un abrazo que se va.
Esta oscuridad me arropa, ¿no la sientes?
Es tan cálida que podría quedarme dormido en ella.

Cuando se apaguen las luces, cuando comience mi delirio.
Cuando mis ganas de volar se quemen, y mis alas se atolondren.
Cuando deje de sonar esa gramola, cuando el tiempo se confunda.
Es entonces, cuando sabré que hemos perdido.

Que ya no somos los mismos, ni lo es el aire, ni lo es la música.
Miraré al horizonte y encontraré tu espalda, tersa y mía, alejada…
Cuando se apaguen las luces, caerá con ellas mi palabra, y mis ganas, y mi alma.
La oscuridad que nos ampara, también nos besará.

Que el tiempo pasa veloz y estoy quemando mi juventud.
Que ni España es la misma, ni lo eres tú y,
que hay días en los que no me encuentro bien, en lo que no soy yo.
Cuando apaguen las luces, no volveremos a encontrarnos…
rezo, lloro, imploro y maldigo ese día, en el que todo cambió.
Pues ya nada es lo que era, mientras espero a esta primavera sentado,
maniatado en mi cuarto, lento y torpe, quebrado como un verso, frío como el hielo…

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